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Otra ni-ni

30 Jul

“Tengo 18 años y parale de contar no pienso cumplir más.
Libre de haber elegido ser legitimamente yo. Coleccionista incorregible de cosas inservibles. Desordenada. Despistada y cegatona. Viajera en mis ideas la mayor parte del tiempo siendo mi vida apasionadamente desorganizada. Rio más de lo debido al igual de lo que hablo. Escucho lo necesario y no duermo en la misma proporción. Prefiero la noche más que el día. Escapo de los estereotipos y siento que mientras pasan los años, me convierto más en niña. Lo que me resume como inversamente proporcional. Filosofa por convicción y estudiante por resignación.”

Genial ¿no? Una “biografía” esteretípica de alguien que no sabe hacia donde va. Una pseudo ni-ni.

Otra wannabe del erotismo pornográfico. Repito: OTRA.

Supongo que yo también quisiera ya no cumplir más años, precisamente porque hoy me dijeron “señora” y me sentí ofendida, luego pienso en esas viejitas que ya tienen ochenta años y que se enorgullecen de estar así de viejitas, arrugadas, ajadas, con cientos de canas, la piel colgada, pero eso sí, como jamás se casaron insisten en que les reconozcan su estatus de “señoritas”.

Sobre las féminas ficticias

11 Jun

¡Venga otra vez ese feminismo encolerizado! Leo un escritor latinoamericano, su personaje femenino (el único) es una muchachita ignorante, inculta, pero eso sí, es una despampanante rubia. ¿En la literatura de América Latina sólo hay personajes femeninos así? Es decir, el personaje masculino busca la conquista amorosa de la fémina, él es docto, cultísimo, hace referencias a todo tipo de libros, textos cinematográficos, a la cultura popular, no pasan cinco renglones cuando aparece una cita indirecta, un guiño, sí, mira cuanto he leído, cómo juego con el lenguaje, soy un chingón. Ok. Pero, ¿qué pasa con el personaje femenimo? Por contraste, ella es guapísima, particularmente atractiva físicamente, pero su intelecto deja mucho que desear: Por lo general no es tonta, no, pero sí ignorante, inocente, carente de cualquier aspiración intelectual, artística o cultural. Bella pero bestia. Me encanta ese “pero”. Hermoso. Su inocencia podría confundirse con esa estupidez que abunda tanto en la humanidad, pero no, casi siempre es mero analfabetismo funcional.
Cuando veo ese modelo de “la mujer ignorante y el hombre culto que se ha enamorado de ella” me da la impresión de que el recurso de contraste se emplea con el único fin de engrandecer la figura masculina (como bien lo decía Virginia Woolf), para que el personaje chingón sea todavía más chingón porque está al lado de una vaca echada.
Me pregunto por qué no existe el modelo inverso donde una “mujer culta se enamora de joven ignorante”, o mejor aún, un modelo equitativo donde ambos personajes poseen el mismo desarrollo intelectual y cultural. Que yo recuerde, he leído pocos textos narrativos latinoamericanos donde se establezce tal cosa, algunas excepciones que confirman la regla.
A simple vista pareciera que esa “mujer bella pero inculta-inocente” está en Rayuela de Cortázar y en La princesa del Palacio de Hierro de Sáinz. Pienso entonces en Furia de Rushdie, donde el personaje de Eleanor Masters es intelectualmente igual que Malik Solanka (ambos estudiaron el doctorado en Cambridge), lo mismo sucede con Neela y quizás en menor medida, con Mila Milo. Creo que es más coherente esa interacción emocional entre dos personajes de este tipo que la relación con la mujer “maravillosamente inocente” que no puede terminar sino en la ausencia de ella (ya sea que muera, se vaya o desaparezca), o en una relación patológica. Polanski lo describe perfectamente en Luna amarga, donde la relación entre Oscar y Mimi se deteriora cuando agotan lo único que tienen en común, la actividad sexual. Digo, ¿qué más se puede hacer con una persona que tiene intereses tan diferentes o que carece de ellos?
Sería oportuno considerar que es natural que en un espacio urbano un personaje puede relacionarse o no con uno (a) “de su especie” aunque lo que abunda en la población es “la otra especie”.
Como sea, esa mujer ignorante me repugna, más porque no existe su equivalente, seguramente debido a una moral retrógrada y absurda que prohibe que una mujer adulta corrompa a un jovencito física e intelectualmente. Me causa escozor en la sesera precisamente por las implicaciones ideológicas de que La Mujer aparezca en el texto como una ignorante.

No one around

2 Aug

Nadie comenta nada…¿será que ahora escribo peor que ayer?

Cosas que molestan…

22 Jul

Las mujeres que usan pantalones demasiado apretados y pequeños a las que se les ve el inicio de las nalgas, esa impúdica raya que quién sabe si estará bien limpiada.
Los hombres que se dejan desabrochados los botones de la camisa hasta el ombligo, y que por supuesto, no llevan camisa interior.
La cadenita de oro de esos hombres que se enreda en los vellos del pecho.
Las mujeres con zapatos de tacón de aguja que caminan sin doblar las rodillas.
Las faldas de cuero con medias.
La gente que canta en la oficina.
Los puestos de comida que despiden un nauseabundo olor a aceite corriente y rancio.
La música de los Héroes del Silencio y Enrique Bunbury.
El graciosito de la oficina que hace chistes imbéciles.
Que los empleados utilicen a los prestantes de servicio social para hacer cosas que ellos podrían hacer pero que les da hueva porque quieren seguir cotorreando a gusto con sus otros compañeros de oficina.
Las voces aniñadas de las mujeres que se llaman entre sí en las oficinas.

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