El gallo

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Hoy alguien me preguntó sobre qué opinaba sobre la interpretación de que el gallo que aparece en El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez representa la república o el estado. Mi respuesta fue la siguiente: Uno, no he leído El coronel no tiene quien le escriba, por lo tanto, cualquier cosa que diga sobre la obra sería un argumento incorrecto; dos, el gallo es ciertamente un símbolo que puede interpretarse en nuestra cultura de muchas maneras pero como cualquier otro, el signo genera sus propios valores y significados dentro de la obra artística, incluso con significados contrarios a los que tradicionalmente se asocia el signo; tres, hay signos que muchos intelectuales quiere interpretar de una u otra manera en las obras artísticas, muchas veces peleándose por encontrar la “verdad”, “lo que quería decir el autor” cuando en realidad el autor no tenía ninguna intención de darle ese significado, y lo puso, así, porque se le antojó. Es decir, soy una odiosa.

Caja entomológica

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Qué son mis antiguos amores

sino fantasmas ocultos en un bosque

que no dejan de gemir

entre las ramas llenas de niebla.

Mis antiguos amores

habitan en aguas  poco profundas

son anémonas de colores sutiles

peces tropicales y de agua salobre,

desde tierra firme

se escapa un suspiro.

¿Qué ha quedado

de la sirena que habitaba la superficie acuosa?

¿Del acompasado vértigo

movimiento de brazos sumergidos,

piernas sobre el agua?

solo quedan

escamas que se desprenden,

branquias extirpadas.

Miro estos recuerdos,

como se mira una caja entomológica.

Identidad secreta

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Escúchame bien,

constelación del norte,

árbol sobre la montaña,

fuego en la madera,

órgano inflamado,

bosque nuboso:

Confieso,

soy

catálogo de vanidad

el suspiro en una tarde repleta de ocupaciones;

Vierto  sin pena

aire salado

en la boca  del sediento,

contraigo los músculos pélvicos

de las puritanas

durante la revisión ginecológica,

involuntaria,

soy aflicción muda,

sin aplacar

soy aguja que punza

entre el dedo y la uña.

Heliolatría

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El hombre de  las agujas me mira con unos ojos desconocidos,

aunque en su profunda pupila nada el eco de un fantasma.

Desde el mar de finos zargazos

me mira un dios dorado

sonríe

mientras desnudo descansa

con la quietud de un gato.

La melancolía sin descanso

nubla mi vista.

Querido mío

¿cuántas veces te he llamado en la vigilia?

en el sueño te ausentas

te escondes en los más profundos complejos

donde mi voluntad esta impedida.

Terrible amor,

te aprisiono en mis fantasías

de solitaria amante diurna,

te llevo

en la más oscura de las cavernas

que forma mi deseo.

Andadera

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Caminar, siempre caminar. Las piernas hinchadas de descuido, de vejez, de falta de atención. Ella camina entre las telas con su rostro ajadado, toca con sus dedos de papiro el fino borde de la seda, el tosco poliester vulgarmente estampado. Los diseños pasan por su cabecita llena de canas, marejada de desgracias y pobreza. En su vestido lleva la humildad de una mujer, amalgama de sufrimiento y bondades, desgracias absurdas e improbables, reales. Observa los diseños con la más tierna ingenuidad, se dirige a una y otra tienda en busca de lo que ella conocí hace años, en la distancia me dice “Aquí había una tienda muy fina” y me sonríe mientras desliza sus pies con lentitud. En su andadera parece una niña envejecida, encorvada y decrépita, lúcida. Elige una tela de algodón marrón con flores anaranjadas. Hace un cálculo rápido con la cinta métrica que carga en un bolsillo. Paga. Después de la travesía se sienta en una silla desvencijada, un gato gris se acerca por el patio, a sus ochenta y cinco años la anciana enciende su máquina de coser y reza por que esta tarde haga sol para terminar una bastila.

Sin atributos

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Lee desde lejos

sin necesidad de espejos

através de un vidrio

iridisado y acuoso

toca las maravillas escondidas

en la estrellada piel

sin identidad,

síntoma posmoderno.

Sube a un barco,

a un mecanismo alado,

a la velocidad de los huracanes

llega, ¿cuántas veces lejos?

sin recordar el nombre de ella.

Miel humana

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Miel

El hombre es un diablo adormentado
terrible miel que parece saludable
aunque es mortífera,
débil sonrisa con labios de cuchillo.

Con una mano escribe tratados,
negocia acciones políticas,
se toma fotografías para el periódico,
dulces promesas hechas de humo industrial
mientras la otra mano lanza un arpón fulminante
hacia la diversidad de las plantas, los animales de la selva,
hacia los ríos, hacia su hermano hombre que ha tenido
el infortunio de ser diferente a él.

En algunos años los cachorros del hombre
dejarán huellas desérticas sobre una tierra estéril,
sombras de la presencia che habrá destruido
incluso las cosas más elementales.
Un film de Mad Max será una versión optimista del futuro.

Y después, ¿qué responderemos a los niños cuando pregunten
por qué el mar casi se convirtió en sangre seca detrás de las colinas?