Sobre las féminas ficticias

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¡Venga otra vez ese feminismo encolerizado! Leo un escritor latinoamericano, su personaje femenino (el único) es una muchachita ignorante, inculta, pero eso sí, es una despampanante rubia. ¿En la literatura de América Latina sólo hay personajes femeninos así? Es decir, el personaje masculino busca la conquista amorosa de la fémina, él es docto, cultísimo, hace referencias a todo tipo de libros, textos cinematográficos, a la cultura popular, no pasan cinco renglones cuando aparece una cita indirecta, un guiño, sí, mira cuanto he leído, cómo juego con el lenguaje, soy un chingón. Ok. Pero, ¿qué pasa con el personaje femenimo? Por contraste, ella es guapísima, particularmente atractiva físicamente, pero su intelecto deja mucho que desear: Por lo general no es tonta, no, pero sí ignorante, inocente, carente de cualquier aspiración intelectual, artística o cultural. Bella pero bestia. Me encanta ese “pero”. Hermoso. Su inocencia podría confundirse con esa estupidez que abunda tanto en la humanidad, pero no, casi siempre es mero analfabetismo funcional.
Cuando veo ese modelo de “la mujer ignorante y el hombre culto que se ha enamorado de ella” me da la impresión de que el recurso de contraste se emplea con el único fin de engrandecer la figura masculina (como bien lo decía Virginia Woolf), para que el personaje chingón sea todavía más chingón porque está al lado de una vaca echada.
Me pregunto por qué no existe el modelo inverso donde una “mujer culta se enamora de joven ignorante”, o mejor aún, un modelo equitativo donde ambos personajes poseen el mismo desarrollo intelectual y cultural. Que yo recuerde, he leído pocos textos narrativos latinoamericanos donde se establezce tal cosa, algunas excepciones que confirman la regla.
A simple vista pareciera que esa “mujer bella pero inculta-inocente” está en Rayuela de Cortázar y en La princesa del Palacio de Hierro de Sáinz. Pienso entonces en Furia de Rushdie, donde el personaje de Eleanor Masters es intelectualmente igual que Malik Solanka (ambos estudiaron el doctorado en Cambridge), lo mismo sucede con Neela y quizás en menor medida, con Mila Milo. Creo que es más coherente esa interacción emocional entre dos personajes de este tipo que la relación con la mujer “maravillosamente inocente” que no puede terminar sino en la ausencia de ella (ya sea que muera, se vaya o desaparezca), o en una relación patológica. Polanski lo describe perfectamente en Luna amarga, donde la relación entre Oscar y Mimi se deteriora cuando agotan lo único que tienen en común, la actividad sexual. Digo, ¿qué más se puede hacer con una persona que tiene intereses tan diferentes o que carece de ellos?
Sería oportuno considerar que es natural que en un espacio urbano un personaje puede relacionarse o no con uno (a) “de su especie” aunque lo que abunda en la población es “la otra especie”.
Como sea, esa mujer ignorante me repugna, más porque no existe su equivalente, seguramente debido a una moral retrógrada y absurda que prohibe que una mujer adulta corrompa a un jovencito física e intelectualmente. Me causa escozor en la sesera precisamente por las implicaciones ideológicas de que La Mujer aparezca en el texto como una ignorante.

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