Austral

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El viento que sopla hacia el sur le recuerda
un hombre
un nombre.
Allá, en la lejanía, se desvestía tantas veces
una mujer desconocida,
debajo portaba en las bragas de encaje,
toxinas, sulfuros, cianuros y ácidos
secretados durante la cópula.
Llena de caretas y estrategias ambiguas
señalaba los puntos cardinales con un norte tambaleante
que jadeaba detrás de su frente.

En una playa solitaria
corría hacia el oriente,
vestigios a su paso:
edificios decadentes,
varillas oxidadas,
techos a medio desmoronarse,
un sonido de brisa adherente.

De noche, una estrella de mar reposó bajo sus pies,
ella se vendó el corazón y rasuró las horas, los días,
las olas, se calcinaba a término medio,
ardiente, flamígera porque lejos
su amante lamía sus heridas.

Subió a una colina y miró con estupefacción las nubes
las nubes que reptan hacia el sur,
el sur suyo,
supuraron las llagas, sulfurosas,
el viento infinito, conocedor de sus hábitos
levantó su falda,
ella cayó bajo los almendros
presa de un ardor irreprimible.

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