Stupid Lifewife

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Rosario Castellanos, Simone de Beauvoir, filósofas y teóricas del feminismo: posean este cuerpo decadente y denme la elocuencia necesaria para criticar esta pendejada.

De vez en cuando se me sale lo feminista. El otro día vi en Facebook un contacto de un amigo que decía ser una “feliz lifewife”, un poco de indagación me llevó a una publicación donde se afirma que esta nueva generación de mujeres es absolutamente dependiente económicamente de sus esposos a pesar de su formación académica y profesional.
Involución se queda corto. Años de luchar contra el estereotipo de la mujer que se queda en su casa (sí, porque después del gimnasio ellas se quedan en su casa, pero tienen suficiente dinero para no dedicarse a las tareas propias del hogar). Me da la impresión de que es una falsa justificación de las nuevas mujeres “liberadas” de su papel de consumidoras esclavizadas del celular, las compras, el gimnasio y que pasan en 90% del tiempo fuera de casa. Yo me pregunto cómo pueden administrar una casa si no están en ella en verdad, digo, una mujer que tiene un empleo normal no está todo el tiempo en su ella, pero es justificable porque aporta económicamente a la manutención de la casa y de sus propios gastos. Una esposa así debe ser muy costosa. Un plan de celular así de costoso con internet perpetuo, uso de tarjeta de crédito, una membresía de gimnasio con todo lo necesario para mantener unas carnes firmes también debe agregar ceros a la derecha, los tratamientos estéticos y demás, seguramente, tendrán un costo elevado porque estarán en directa relación a las tendencias más recientes para evitar la decadencia ineluctable de los tejidos.

Yo me pregunto cómo alguien puede ser considerado independiente si depende económicamente de alguien más, tampoco entiendo cómo es que conviven con los hijos cuando la casa es un espacio virtual en el que no se está.

Según este parámetro, una mujer de este tipo no carece de desarrollo intelectual, su vida se reduce a las tareas básicas del orden del hogar, algunas otras centradas en el consumo y no directamente relacionadas a la administración eficiente de los recursos económicos de la familia (moda, compras, compras en el supermercado, salidas con amigas), todo lo anterior auspiciado por un marido que si bien es permisivo, tiene la situación en su control por el poder económico que ejerce (o puede ejercer) sobre ella. Esa felicidad artificial me parece nauseabunda: Las becas de los maridos para mujeres de escasos recursos intelectuales.

De Beavouir, perdónalas.

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