Diafanidades

Nefelibata

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Arrebol

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Mi pecho se acelera.
Subo las escaleras
mi víscera de la cordura repica.
En mis orejas surge un bermejo ineludible,
mi ira, mi vergüenza,
el encogimiento de mis palabras,
mis gemidos entrecortados;
para mi rostro, roja es cualquier pasión:
roja cuando el sino ejecuta su obra infame;
roja en el encuentro mi falsedad muda;
roja en el sacío existencial
en mi cuerpo por obra de mi mano,
mi mano que es la tuya
mi mano que es tu boca
o tu sexo o todo junto.
Mi pecho anticipa la espuma frenética,
escarlata,
escala, repta, se despeña,
en un estruendo de olas;
una gota púrpura sube violentamente,
se detiene entre mis senos.
Mis pasiones son vértigo, marea, sal.
Mi pecho se acelera en tu mano lejana
donde un ave que se despluma lentamente,
a voluntad,
un ave-mujer sin jaula,
torpe, triste, frívola;
sensible, voluptuosa, salvaje,
tímida silenciosa matinal, nocturna
vespertina.

Ruleta rusa al revés

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Una mujer joven, menos de 35, guapa, buen empleo,  salario desorbitante, soltera, dice: “El matrimonio es jugar a la ruleta rusa pero al revés, en lugar de una bala y siete espacios vacíos tienes siete balas y una sola oportunidad de tener éxito”, y a mí, sinceramente, me dan ganas de vomitar.

En las últimas semanas he pensando mucho acerca del matrimonio, no porque tal evento catastrófico suceda pronto sino porque a mi alrededor pareciera una constante: Aunque en algún momento de mi existencia la posibilidad de casarme era plausible, en realidad nunca me detuve a pensar con detenimiento en lo que significaba, todo el proceso de análisis empezó probablemente cuando una amiga que fue abandonada por su prometido me dijo que las mujeres mexicanas carecían del desarrollo personal que se obtiene cuando se vive de manera independiente, sin padres, sin marido, sin el novio, sin hijos. Este razonamiento fue una revelación (gracias Gaby) porque es precisamente eso lo que tantas veces pensé y no logré articular de manera coherente.

Es así que la afirmación sobre el matrimonio como ruleta rusa me parece risible, es una exageración ridícula, clásica de una mujer “independiente” del siglo XXI: Esta señorita se dice de una nueva generación de mujeres con aspiraciones diferentes, feliz, que realmente disfruta su soltería, de las actividades que realiza para sí, de su desarrollo profesional, y sin embargo, qué tragedia, se siente acomplejada porque sus amiguitas más íntimas están casadas, tienen hijos, son depenientes económicamente del esposo, carecen de una profesión o carrera profesional (porque el marido les da todo y por lo tanto no tienen necesidad de trabajar). La contradicción está en que todo es una simulación, la mujer tiene libertad  económica pero no mental ni emocional, en el fondo a ella le gustaría casarse, casarse por la iglesia (que sólo admite una oportunidad, one shot, baby!) ¿cómo carajo piensa que tener hijos y casarse es la tola cuando se siente tan bien soltera?

Mientras leía El amor dura tres años de Frédéric Beigbeder entendí hasta cierto punto por qué los treintañeros se preocupan tanto por casarse, por qué ese afán de sentirse viejos cuando aún no han llegado a la madurez, la loca necesidad de reproducirse. Entendí que existe una idea preconcebida de que el matrimonio es el invento más asqueroso de la sociedad, que una vez firmado un papel todo se va al traste y quizás así es, no lo sé.  Nunca he estado casada, pero sí entiendo que el afecto evoluciona, cambia, se modifica y no es sano que el estado de infatuación se mantenga desde el momento que localices tu víctima hasta el momento de la muerte, sería desgastante. Al final, creo yo, se trata de cómo las personas cometen errores estúpidos, pero en todo caso son en plural, no en singular, es por eso que la frase de esta señito me pareció retrógrada. Dan Savage dice en una sesión de preguntas en una universidad de Estados Unidos: “There is no THE ONE, there are The Ones“. Al final la idea de que “sólo hay una sola persona que te hará feliz el resto de tu vida” es una cuestión ideológica que se ha alimentado en las mujeres. Patrañas, como quien dice. Estadísticamente vuelven a casarse más hombres que mujeres, no es fortuito.

No soy católica, eso ya se sabe, el punto no es este sino que una mujer independiente, moderna y feminista sabe que las cosas son mejor que “una sola oportunidad”, no se traga la cantaleta de “hasta que la muerte los separe” ni “es tu cruz” ni “es un pecado divorciarte” ni “no te toques ahí porque es pecado”. Una mujer de verdad liberada no le importa estar sola, no le importa casarse una, dos, tres veces, una mujer liberada no está sientiéndose menos porque a su alrededor hay mujeres casadas y con hijos, una mujer libre es feliz libre, con hijos, sin hijos, con marido, con ex-marido y sin marido. Es decir, tampoco se trata de convertirse en una adolescente pereene como sucede con tantos hombres que actúan de manera irresponsable, no se trata de una inversión de roles donde ella es una promiscua sin compromisos, se necesita más que una independencia económica y sexual, se trata de independecia mental.

Cuando una mujer “moderna” alberga secretas aspiraciones de ser el ama de casa mantenida por el maridito está más jodida que las amas de casa sin educación porque ella a pesar de lo que tiene, de sus logros, de su desarrollo, de su independencia económica, no hace nada, al contrario, añora en secreto formar parte de esa masa, de ese sistema. Entonces, de qué sirve tanta crítica, tanto gimotear si al final eso es lo que más quisieras? Es más honesto expresar interés por ser un parásito o pasar a ser la propiedad del otro, decir que a uno le gusta ser un mantenido para el resto de la existencia, eso es más sincero que hacer tanta bulla por algo que no es coherente con los deseos íntimos de la persona. Al final entonces son estas señoritas las que refuerzan el sistema porque no son realmente libres, se sienten libres, pero no lo son ¿No decía Marx que eso era la ideología? “They don’t know it, but they are doing it” [Ellos no lo saben, pero lo están haciendo].

Creo que es una tristeza, las mujeres ahora deberían de sentirse bien a pesar de la sociedad. Sí, afecta, presiona, pero al final las mujeres deberían de tener bien claro para sí lo que quieren y actuar de acuerdo a ese impulso, ¡carajo, eso se sabe desde el siglo XIX! (Gracias, Ibsen).  Si yo fuera hombre y me encontrara una tipa así, con esa idea de la ruleta rusa al revés, consideraría que no es una buena elección de pareja porque según ella es muy independiente, pero tiene los mismos deseos que cualquier mujer no educada: depender de alguien, tiene deseos de tener hijos y no porque esté convencida de que ha encontrado un buen padre, buenos genes y valores que transmitir, sino porque las amiguitas los tienen, porque su mamá estaría feliz, porque la sociedad así lo dice. El resultado, naturalmente, sería que yo, el hombre en cuestión, saldría huyendo despavorido: Guácala, mujeres retrógradas, no gracias. Prefiero una mujer frívola, o mejor aún, a una mujer sin murallas mentales.

There’s a red light that suddenly lights up/ Una luz roja que se enciende inesperadamente

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Sabes que algo anda mal cuando olvidas donde dejaste el

auto y caminas en automático, buscando la nada.

Al fin…libertad!

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Al fin, al fin, libertad…
Dichosa libertad.

Las mujeres cuyos rostros quería golpear
las malas caras,
los problemas imbéciles,
las buenas intenciones
que no tenían más destino
que el resumidero,
los ideales corrompidos.

Ya no valía la pena seguir ahí,
la poca moral que me quedaba me impidió hacerlo.

Firmé mi renuncia,  segura,
tan segura como lo estaba cuando empezó.
Ya no hay más rostros a los cuales sonreír sólo por cortesía.

Llevé todo lo que tenía en una caja, un archivero negro,
y lo regresé,
todo sin aviso, sin advertencia,
como un suicidio repentino, insospechado.

Yo dije mis pocas razones viendo el piso, la mesa, y la caja negra
donde archivaba todo.

Estúpida inseguridad.

Me fui con algunas lágrimas,
me fui porque ya no era aceptable
seguir siendo parte del problema.

Me fui, pero ahora mi frente está en alto,
estoy tranquila,
tan tranquila,
porque por primera vez desde hace meses
ya no siento ganas
de romperle la cara
a nadie.

Doce puntos

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Verdades descubiertas después de graduarme:

UNO- No me gusta trabajar con mujeres. No es que sea sexista, hay mujeres muy brillantes con quienes me gusta trabajar, pero en general, puedo decir que mi experiencia con las mujeres que he tratado hasta ahora en ambientes laborales han sido  bastante negativa.

DOS- Esa niña tiene la edad que yo tenía cuando me decidí que yo no le entregaría mi virginidad a nadie.

TRES- En la Feria eligen los autores que se presentan basados en el número de referencias positivas o comerciales, y no en la calidad literaria de sus obras. Tienen demasiados prejuicios.

CUATRO- Sigo recordando al tipo de pelo largo que trabaja en el local donde sacan copias. Lo recuerdo frecuentemente porque usa un recorte de una sonrisa encima de su boca, como burlándose de esa frase de “atender al cliente con una sonrisa en la boca”.

CINCO-Honestamente creo que el mundo puede mejorar, que puede cambiar, pero cuando veo a mi alrededor, a pesar de los esfuerzos, es inútil sin la voluntad de los demás.

SEIS- Yo no entiendo a la gente que persigue la felicidad. A mí me gusta sufrir en dosis controladas, pero siempre sufrir.

SIETE- Busco lo que me refleja, lo que es como yo. Egoísmo clandestino.

OCHO- El teléfono es una amenaza, la puerta, el sonido.

NUEVE- Armada la democracia de conciencias vivas.

DIEZ-Cada uno lleva en el rostro los residuos de este mundo podrido.

ONCE- Los infantes miran fijamente con sorpresa, mirando fijamente mi rostro, en mi rostro  encuentran algo inusitado.

DOCE- Cada ser humano es el orgasmo de algún infeliz.