Lectura

El gallo

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Hoy alguien me preguntó sobre qué opinaba sobre la interpretación de que el gallo que aparece en El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez representa la república o el estado. Mi respuesta fue la siguiente: Uno, no he leído El coronel no tiene quien le escriba, por lo tanto, cualquier cosa que diga sobre la obra sería un argumento incorrecto; dos, el gallo es ciertamente un símbolo que puede interpretarse en nuestra cultura de muchas maneras pero como cualquier otro, el signo genera sus propios valores y significados dentro de la obra artística, incluso con significados contrarios a los que tradicionalmente se asocia el signo; tres, hay signos que muchos intelectuales quiere interpretar de una u otra manera en las obras artísticas, muchas veces peleándose por encontrar la “verdad”, “lo que quería decir el autor” cuando en realidad el autor no tenía ninguna intención de darle ese significado, y lo puso, así, porque se le antojó. Es decir, soy una odiosa.

Amor > Compulsión

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No es una compulsión, es un amor demasiado arraigado.
La librería es un lugar de ilusiones, voy y me siento feliz, el gozo que obtengo de los libros es diferente a cualquier otro que pueda proporcionar nuestra sociedad capitalista.
Como la mujer frívola que soy, muy en el fondo mi regocijo es instantáneo cuando adquiero un nuevo labial para mi colección, de igual modo, un par de zapatos nuevos puede tener ese efecto de felicidad inmediata y efímera.
Los libros, sinceramente, no tienen ese efecto. Cuando voy a la librería llego con una intención precisa, busco, tomo y pago el libro, salgo, en el momento que mis pies están fuera del establecimiento, siento la bolsa en las manos y mi alma un poco confortada, mi presupuesto mutilado y mi cerebro empieza a hacer algoritmos culposos. La conclusión es sencilla: Tal como la paradoja de Zenón, mis colección de libros se incrementa a una velocidad mayor que la velocidad a la que leo.