Viajes

Los viajes que nunca hice

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Viajé contigo a una ciudad antigua y superpoblada

tres días inesperados

catástrofe nacida del estío

asesinada durante el invierno.

Una voz se clava en mi memoria.

 

Viajé contigo a una playa desconocida

en el más austera de los hospedajes,

en la más gozosa aventura.

Vi tu cuerpo dorado lamido por las olas,

en un caluroso susurro.

 

Viajé contigo a una montaña

alta y volcánica, donde me mostraste

a maravillarme de la naturaleza,

fría y sublime.

 

Viajé contigo a un país lejano

donde te miré desde lo alto

recorrer con tu voluntad

una ciudad destruida por la guerra.

 

Viajé al misterio del Sur

solo para sentir un poco de nacionalismo

en las ruinas de la prehispania

y entre los dedos que mueven los telares.

Los minutos de la aurora

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Amanece tras las colinas

el vidrio en el piso 11 se empaña y paso la mano

para ver el exterior,

como lo hacía cuando de niña

escribía en el vidrio empañado del automóvil.

En la calle Polk los negocios mantienen sus perezosos

escaparates sin luz,

algún loco pasa corriendo a un paso constante

reveladora ropa deportiva se agita con su respiración.

Las nubes viajan hacia el norte,

sube un cabletrain al ritmo de una oruga

mientras en paralelo se desborda

una cascada de luces amarillas.

El sol de repente se asoma perezoso

bosteza cubierto de una sábana que se sonroja.

La luz se crea en el cuarto de repente

y encuentro un hombre dormido.

Al girar mi cabeza,

en un lecho que hemos desecho juntos,

encuentro una imagen apacible que prefiero no disturbar.

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Resguardos desechables

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Subo por Van Ness Avenue jadeando,

los cadáveres de paraguas

con las coyunturas rotas sembrados a cada paso,

en ningún otro lugar del mundo he visto tantos abandonos

de sombrillas inútiles,

esqueletos de metal desnudo bajo la lluvia de febrero.

Los paraguas sometidos a un viento que levanta sus brazos hasta romperlos,

viento ancestral pervertido que sopla hacia el sur

entre los edificios de acero, vidrio y cemento,

una batalla perdida para las sombrillas plásticas

por encima de la clase social, diseño o costos,

el viento es justo en su destrucción cotidiana

durante la tormenta en medio de la sequía.