existential pain

Identidad secreta

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Escúchame bien,

constelación del norte,

árbol sobre la montaña,

fuego en la madera,

órgano inflamado,

bosque nuboso:

Confieso,

soy

catálogo de vanidad

el suspiro en una tarde repleta de ocupaciones;

Vierto  sin pena

aire salado

en la boca  del sediento,

contraigo los músculos pélvicos

de las puritanas

durante la revisión ginecológica,

involuntaria,

soy aflicción muda,

sin aplacar

soy aguja que punza

entre el dedo y la uña.

Heliolatría

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El hombre de  las agujas me mira con unos ojos desconocidos,

aunque en su profunda pupila nada el eco de un fantasma.

Desde el mar de finos zargazos

me mira un dios dorado

sonríe

mientras desnudo descansa

con la quietud de un gato.

La melancolía sin descanso

nubla mi vista.

Querido mío

¿cuántas veces te he llamado en la vigilia?

en el sueño te ausentas

te escondes en los más profundos complejos

donde mi voluntad esta impedida.

Terrible amor,

te aprisiono en mis fantasías

de solitaria amante diurna,

te llevo

en la más oscura de las cavernas

que forma mi deseo.

Andadera

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Caminar, siempre caminar. Las piernas hinchadas de descuido, de vejez, de falta de atención. Ella camina entre las telas con su rostro ajadado, toca con sus dedos de papiro el fino borde de la seda, el tosco poliester vulgarmente estampado. Los diseños pasan por su cabecita llena de canas, marejada de desgracias y pobreza. En su vestido lleva la humildad de una mujer, amalgama de sufrimiento y bondades, desgracias absurdas e improbables, reales. Observa los diseños con la más tierna ingenuidad, se dirige a una y otra tienda en busca de lo que ella conocí hace años, en la distancia me dice “Aquí había una tienda muy fina” y me sonríe mientras desliza sus pies con lentitud. En su andadera parece una niña envejecida, encorvada y decrépita, lúcida. Elige una tela de algodón marrón con flores anaranjadas. Hace un cálculo rápido con la cinta métrica que carga en un bolsillo. Paga. Después de la travesía se sienta en una silla desvencijada, un gato gris se acerca por el patio, a sus ochenta y cinco años la anciana enciende su máquina de coser y reza por que esta tarde haga sol para terminar una bastila.

Silencio

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Estoy y no estoy.

No es esa ausencia idiota
de las mujeres que callan por timidez

o vergüenza, 
mi silencio proviene de un intenso

cúmulo de palabras 
que me llenan,

me

asfixian,

para mí no existe el silencio más que en las montañas

solemnes

sonido del viento

entre las ramas.

 

Me miras y me imagino de reojo

la imagen inversa,

cómo me veo ausente
 cuando no lo estoy.

A pesar de todo lo que percibo,

de todos los pensamientos atropellados

no dije nada,

tú percibiste, desesperado, un mutismo inexplicable.

 

Despierto y no despierto.

Atravieso la ciudad sabiendo y no sabiendo que es tarde,
ignorando que es tarde,
remo praxis, días.

Juego con los dobles significados.

 

Me encierro para no hablar con nadie

porque quiero hablar conmigo mismo.

 

Estoy presente y tú me dices
”No me escuchas” “‘¿Por qué no dices nada?”

La verdad es que las cosas me importan tremendamente tanto
 que por eso me quedo pensando, siempre en silencio.

 

El silencio está lleno de palabras que solo yo escucho.

The story of the shallow maiden in cheeta heels

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She dances with the imaginary insects,
transforming her thoughts into small paces,
her voluptuous swing follows the cheeta on her heels,
sorrounded by innocent men she smiles but rejects them all.

Not a beauty, her best attribute is gentleness but she covers it slowly as she crosses the gate,
she leaves a sharp trail of selfish regards as her words explain a history of alcohol and childish lunacy.

She talks about politics, history and music, an interesting woman you may say,
her pink lips contrast her white ruffled dress as she looks away,
deep inside she remains a maiden due to her interests on the bank accounts of the unfortunate candidates.

Viajero

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Soy depósito de las malas jugadas del sino.

Tiemblas bajo mi mano
viajero, no puedo calmar mi desasosiego
en las noches de cortinas abiertas
donde tú y yo nos amamos
súbitos y pasajeros.

Camino tambaleante por una vía
donde andaba con gallardía:
Los días en su consecutivo andar
sofocan deseos,
tus ojos dejan en mí senderos que no llevan a ninguna parte,
turbulentos, acrecientan el tumulto
que me contusionará en tu ausencia.

Lo antes posible
emprende la retirada,
te lo ordeno,
vete lejos como lejos me pareció el día que finalizaría la espera
aquellas semanas de estaciones que se encadenan;
vete lejos donde mi voz no te alcance donde mi recuerdo se pierda
en los ojos de otra dueña.

Tu dulzura, fugaz y límpida, contraproducente,
me corroe las noches, la piel
porque sólo en mi pensamiento
restas inamovible.

Te lo reclamo: Parte.

Austral

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El viento que sopla hacia el sur le recuerda
un hombre
un nombre.
Allá, en la lejanía, se desvestía tantas veces
una mujer desconocida,
debajo portaba en las bragas de encaje,
toxinas, sulfuros, cianuros y ácidos
secretados durante la cópula.
Llena de caretas y estrategias ambiguas
señalaba los puntos cardinales con un norte tambaleante
que jadeaba detrás de su frente.

En una playa solitaria
corría hacia el oriente,
vestigios a su paso:
edificios decadentes,
varillas oxidadas,
techos a medio desmoronarse,
un sonido de brisa adherente.

De noche, una estrella de mar reposó bajo sus pies,
ella se vendó el corazón y rasuró las horas, los días,
las olas, se calcinaba a término medio,
ardiente, flamígera porque lejos
su amante lamía sus heridas.

Subió a una colina y miró con estupefacción las nubes
las nubes que reptan hacia el sur,
el sur suyo,
supuraron las llagas, sulfurosas,
el viento infinito, conocedor de sus hábitos
levantó su falda,
ella cayó bajo los almendros
presa de un ardor irreprimible.