naturaleza

Miel humana

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Miel

El hombre es un diablo adormentado
terrible miel que parece saludable
aunque es mortífera,
débil sonrisa con labios de cuchillo.

Con una mano escribe tratados,
negocia acciones políticas,
se toma fotografías para el periódico,
dulces promesas hechas de humo industrial
mientras la otra mano lanza un arpón fulminante
hacia la diversidad de las plantas, los animales de la selva,
hacia los ríos, hacia su hermano hombre que ha tenido
el infortunio de ser diferente a él.

En algunos años los cachorros del hombre
dejarán huellas desérticas sobre una tierra estéril,
sombras de la presencia che habrá destruido
incluso las cosas más elementales.
Un film de Mad Max será una versión optimista del futuro.

Y después, ¿qué responderemos a los niños cuando pregunten
por qué el mar casi se convirtió en sangre seca detrás de las colinas?

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Miele

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L’uomo è diavolo addormentato,
cattivo miele che sembra salutare
ma è mortale lo stesso,
debole sorriso con labbra di coltello.

Con una mano scrive trattati,
negozia azioni politiche,
si fa le fotografie per il giornale,
dolci promese fatte di fumo industriale
mentre l’altra mano lancia un arpone fulminante
verso la diversità delle erbe, gli animali della foresta selvatica,
verso i fiumi, verso il suo fratello uomo che ha avuto la sfortuna
di essere diverso da lui.

Tra alcuni anni i cuccioli dell’uomo
lascieranno impronte desertiche su una terra sterile,
ombre della presenza che avrà distrutto
anche le cose più elementari.
Un film di Mad Max sarà una vesione ottimista del futuro.

E poi, cosa risponderemo ai bambini quando domanderanno
perché il mare è quasi diventato sangue secco dietro le colline?

El asombrado citadino

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El citadino asombrado ya no se detiene frente a las gordas palomas
que invaden los parques y edificios con su mierda,
ya no se detienen ante las jaurías urbanas a la vuelta de la esquina,
pasa por alto el canto de los pájaros confinados
porque sabe cuán artificial es el sonido de las ciudades.

Desacostumbrado al reino Animalia
fuera de ratas, palomas, perros y gatos,
insectos grises y marrones
mímesis de los ríos subterráneos llenos de inmundicia.

El campo lo extasía incluso en las cosas más simples:
sacraliza la cosecha porque está acostumbrado
a la practicidad de la sección de verduras en el súpermercado,
un ritual casi místico entre tierra, plantas, manos pacientes.

Trozos de madera cortada
hacen uno al hombre y al hacha
unidos con un mismo objetivo
actos primigenios,
mitológicos como el fuego.

Armadillos, venados, coyotes,
cigarras, colibríes provocan tal sorpresa
porque el hombre se ha olvidado
de otra fauna que no sea su misma especie.

El avistamiento de un puñado de vacas
excita las profundidades del alma urbana
abundantes fotografías bucólicas
tomadas en la inmediatez de una pantalla
más viva que la realidad misma.

La noche, con sus mayores sorpresas
cae vestida de estrellas,
su desnudez sin pollución
mantiene durante algunos minutos
quijadas abiertas.

¡Pobre hombre citadino,
vive la naturaleza
solo cuando la ciudad lo permite!

Los viajes que nunca hice

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Viajé contigo a una ciudad antigua y superpoblada

tres días inesperados

catástrofe nacida del estío

asesinada durante el invierno.

Una voz se clava en mi memoria.

 

Viajé contigo a una playa desconocida

en el más austera de los hospedajes,

en la más gozosa aventura.

Vi tu cuerpo dorado lamido por las olas,

en un caluroso susurro.

 

Viajé contigo a una montaña

alta y volcánica, donde me mostraste

a maravillarme de la naturaleza,

fría y sublime.

 

Viajé contigo a un país lejano

donde te miré desde lo alto

recorrer con tu voluntad

una ciudad destruida por la guerra.

 

Viajé al misterio del Sur

solo para sentir un poco de nacionalismo

en las ruinas de la prehispania

y entre los dedos que mueven los telares.