reality bites

Manojos de piedras

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En el fondo de mí yace una piedra que alguien, desde una orilla lejana, arrojó con fuerza. La violencia del impacto ha provocado desde entonces olas turbulentas, enturbecedoras de mis pensamientos, mecen sensaciones carentes de su intensidad original, flotan sobre el agua en fragmentos agitados que se quedan a medio camino, entre el aliento, el jadeo y el gemido. Se desvanece su forma divina, sus aterciopelados ojos, su voz de colmena, sus movimientos ágiles y desinhibidos. En el fondo de mí las lamentaciones se hacen más fuertes e insoportables porque en sus palabras extrañas y desconocidas dejaron semillas que ahora germinan en ramos de nostalgias. Trenzo una corona de nostalgias y me quedo vestida de gala, abandonada y meditabunda.

Incoherencias de una convocatoria “literaria”

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Yo me pregunto, quizás ilusamente: ¿qué carajo significa “Narrativa tradicional” y “Poesía en todas sus concepciones”? ¿tradicional de dónde o según quién? y ¿en todas las concepciones? ¿seguro? Don’t think so. I just don’t think so. Lo anterior significaría que cualquier texto al que yo le quiera llamar poesía ES poesía aunque no lo sea.

Yo no quemo mi sostén

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Yo no quemo mi sostén por una causa feminista porque mi sostén es demasiado caro.
Yo no quemo mi sostén porque el machismo debe ser combatido desde otros lugares y con otras acciones.
La quema de sostenes es un símbolo, pero el mío será más significativo, aunque menos espectacular.
¿Cuál será?
¿Cómo será?
No lo sé,
en mi cabeza hago quema pública de libros machistas, de autores machistas, de mujeres machistas, de personajes femeninos de novelas machistas, de la clásica mujer-niña, retrasada intelectual, estúpida, fogosa, pero estúpida, y bonita; de la mujer bella, ignorante, frívola y promiscua; de la mujer que el hombre concibe siempre desde la mujer, de la mujer que es el ideal masculino del hombre cuyo éxtasis es metérsela a una muchachita virgen que sea fogosa pero sólo con él.
Yo no quemo mi sostén porque soy pechugona (¡y qué!)
necesito mi sostén para que la gravedad actúe con lentitud en mis pechos,
pero si he de quemar un “algo” que me constriñe como mujer, es esa mujer, esas mujeres que los hombres (y mujeres también) han creado en la literatura, en las artes, en los conceptos, en la filosofía, esa mujer que no tiene ninguna relación con lo que realmente es una mujer, la mujer real, la que menstrúa además de cagar, la que padece dolores en el parto, la que se preocupa por frivolidades, esa mujer que es tan compleja y que no es ni buena ni mala, ni niña-mujer ni mujer, esa mujer que no es tonta. Esa otra mujer que pocas veces ha sido descrita.

De cómo esquivé la desgracia en mi adolescencia

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De adolescente siempre estuve en los lugares incorrectos, con las personas incorrectas, pero nunca me pasó nada malo. Estuve borracha una vez en una casa con un montón de alcohólicos  seis años mayores que yo; visité a unos tipos que tocaban ska en una colonia marginada, jodida y peligrosa; me involucré con un tipo que me pervirtió, pero que nunca quiso acostarse conmigo, cuyos hoyos fonki y parafilias me desorientaron.

Y sin embargo estoy aquí, entera, no tan demente, casi 10 años después.

NYC

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Nueva York:

“La ciudad que nunca duerme” en realidad se acuesta

a las 8 de la noche.

En la Quinta Avenida me entristecí porque no vi lo que Ginsberg vió,
yo vi los yellow cabs y los rascacielos,
vi a los vagabundos, a los homeless.

Todos los indigentes sabían escribir.
Todos los indigentes pedían lo mismo.

Alcé la mirada para ver la cima del Empire State y no sentí nada.
Sólo frente a los cuadros de Bacon en el Met me estremecí
al fijar la vista en esas bocas entreabiertas.

Renoir volvió a cautivarme:
Miré La señorita y el perico sin saber de quién era,
me quedé viéndo el cuadro largo rato.
Supuse que era de Renoir,
algo en los ojos, en el rostro de la mujer me lo decía.
La ficha informativa me confirmó la sospecha.

Las estaciones del metro ardían, ruidosas
y sucias de un cochambre inenarrable:
los vagones, metálicos, impecables y helados.

Los artistas del metro me sorprendieron,
un joven trompetista tocando jazz,
un grupo de jóvenes y niños cantando a coro magníficamente,
un anciano asiático tocando un instrumento de cuerdas,
en la 51, en la 49, por todas partes.

Un paraguas en medio de las vías del metro:
seguramente se suicidó
a falta de lluvias.

El calor pegajoso me perseguió,
igual que los impuestos.

Carnis

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No escribas otro poema idiota, por favor.

Mantente lejos de las autoridades, podrían descubrir que eres un soñador.

Viaja siempre con las multitudes para ocultar tu maldad.

Mira antes de cruzar la vía de los corazones.

La técnica de superación de pérdida es el uso de la música que no tiene vínculos con el periodo en el que se formó la relación.

Todos los sufrimientos son dulces como un racimo de uvas que se pudre en el interior.

En la carne revolotean las heridas,  el deseo y los suspiros entrecortados. En la carne. En la lengua se duermen las palabras cuando los búhos ululan. Llámame por mi nombre, con tus manos pronuncia mi nombre, dibújame en las sábanas y antes de chuparte los labios y suspirar, pronuncia mi nombre.

Bésame en los párpados las imágenes, borra las asperezas de mi cabello, y péiname con tus dedos.

Que las epidemias pasen.

Que corrompan mi cuerpo.

Doce puntos

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Verdades descubiertas después de graduarme:

UNO- No me gusta trabajar con mujeres. No es que sea sexista, hay mujeres muy brillantes con quienes me gusta trabajar, pero en general, puedo decir que mi experiencia con las mujeres que he tratado hasta ahora en ambientes laborales han sido  bastante negativa.

DOS- Esa niña tiene la edad que yo tenía cuando me decidí que yo no le entregaría mi virginidad a nadie.

TRES- En la Feria eligen los autores que se presentan basados en el número de referencias positivas o comerciales, y no en la calidad literaria de sus obras. Tienen demasiados prejuicios.

CUATRO- Sigo recordando al tipo de pelo largo que trabaja en el local donde sacan copias. Lo recuerdo frecuentemente porque usa un recorte de una sonrisa encima de su boca, como burlándose de esa frase de “atender al cliente con una sonrisa en la boca”.

CINCO-Honestamente creo que el mundo puede mejorar, que puede cambiar, pero cuando veo a mi alrededor, a pesar de los esfuerzos, es inútil sin la voluntad de los demás.

SEIS- Yo no entiendo a la gente que persigue la felicidad. A mí me gusta sufrir en dosis controladas, pero siempre sufrir.

SIETE- Busco lo que me refleja, lo que es como yo. Egoísmo clandestino.

OCHO- El teléfono es una amenaza, la puerta, el sonido.

NUEVE- Armada la democracia de conciencias vivas.

DIEZ-Cada uno lleva en el rostro los residuos de este mundo podrido.

ONCE- Los infantes miran fijamente con sorpresa, mirando fijamente mi rostro, en mi rostro  encuentran algo inusitado.

DOCE- Cada ser humano es el orgasmo de algún infeliz.