trip journal

La sirena de San Francisco

Posted on Actualizado enn

Sirena de asfalto,
canta a mi oído el destino de los delirantes etéreos,
atrapados por la estulticia de las cadencias terrenas,
repelidos por la fortuna,
ensordecidos los trenes de la aurora,
alienados, silenciosos, convalecientes,
orinados y drogados
frente a dos hombres, insignias empañadas.

Cuenta para mí las historias de los locos,
de quienes enumeran las desgracias del comfort,
de los humildes locos,
que a veces, entre las obscenidades,
el viaje alcaloide y los piojos, etrevén
retazos de poesía.

Quienes mecen palabras y miembros
al son de una esperanza adormecida por los excesos,
carnes frenéticas mansas en un ruego monótono sin destino
lamentos en la parte más baja de la ciudad de las Siete Colinas.

Silencio.

Detrás del puente rojo,
sobre lechos de tréboles
las secuoyas olvidan.

Anuncios

alborada monocroma

Posted on Actualizado enn

El maestro de los colores se arrastra en la lontananza,
se toma, señor de sí mismo,
sus ocho minutos para salir de las tinieblas,
paleta en mano
y
mientras tanto,
deja para mí
una mañana monocroma.

NYC

Posted on Actualizado enn

Nueva York:

“La ciudad que nunca duerme” en realidad se acuesta

a las 8 de la noche.

En la Quinta Avenida me entristecí porque no vi lo que Ginsberg vió,
yo vi los yellow cabs y los rascacielos,
vi a los vagabundos, a los homeless.

Todos los indigentes sabían escribir.
Todos los indigentes pedían lo mismo.

Alcé la mirada para ver la cima del Empire State y no sentí nada.
Sólo frente a los cuadros de Bacon en el Met me estremecí
al fijar la vista en esas bocas entreabiertas.

Renoir volvió a cautivarme:
Miré La señorita y el perico sin saber de quién era,
me quedé viéndo el cuadro largo rato.
Supuse que era de Renoir,
algo en los ojos, en el rostro de la mujer me lo decía.
La ficha informativa me confirmó la sospecha.

Las estaciones del metro ardían, ruidosas
y sucias de un cochambre inenarrable:
los vagones, metálicos, impecables y helados.

Los artistas del metro me sorprendieron,
un joven trompetista tocando jazz,
un grupo de jóvenes y niños cantando a coro magníficamente,
un anciano asiático tocando un instrumento de cuerdas,
en la 51, en la 49, por todas partes.

Un paraguas en medio de las vías del metro:
seguramente se suicidó
a falta de lluvias.

El calor pegajoso me perseguió,
igual que los impuestos.

El defe…

Posted on

  • Las personas del df perciben rápidamente si alguien camina demasiado cerca de ellos: por lo general, si vas detrás de ellos, se hacen a un lado y te dejan pasar.Una reacción muy diferente a la de los tapatíos que en lugar de voltear, siguen adelante y bien podrías dejarlos inconcientes de un golpe o robarles sin que lo noten.
  • Siempre se me olvida que el df está a mayor altitud que el lugar de donde vengo, y esa altitud es la razón por la que hace más frío, el pan no es bueno, y no hay plagas como moscas o cucarachas, ¡pero sí muchas ratas!
  • En todas partes hay posters y letreros sobre eventos culturales.  En el metro, en los postes, en las bardas. Pareciera la ciudad de la cultura.
  • Las estaciones del metro siempre tienen música agradabilísima. Cuando llegué a la estación La Raza tenían música de Mono.
  • Muchas personas jóvenes van a la cineteca. El domingo por la tarde la función de las 4 estaba retacada, y no porque fuera una película de vampiros.
  • El metro sigue vomitando sus 10 millones de usuarios diarios  por sus puertas automáticas.
  • La ciudad de  México está llena de narices gigantes y los rostros redondos.

Fuistessss [sic] a Acapulco y no me dijistesss [sic]….

Posted on Actualizado enn

Acapulco es la ciudad de los perros sarnosos y flacos, de los taxistas intrépidos y las calles que siempre bajan del cerro hasta la costera. A la distancia las playas despliegan un paraíso que se evapora con la proximidad entre las millones de almas que abarrotan lo largo y ancho del puerto.

En la carretera el cadaver de un hombre había sido abandonado. La policía, los vecinos, una ambulancia, la carcancha en la que viajábamos, todos se detuvieron ahí. “Se llevaron su camioneta y lo ejecutaron aquí”. El cuerpo estaba cubierto con una manta.

Regresar a Acapulco de las playas de Barra de Coyuca: 8 de la noche. Dos horas sin movernos ni un centímetro. La carretera sólo tenía un carril. Aquel caos de carriles invadidos era terrible. Bajamos para ver qué estaba sucediendo. Mientras caminaba entre los autos pensé en la pesadilla cortazariana de “La autopista del sur”. Tratamos de poner orden. Poco a poco se descongestionó.  5 horas después llegamos a casa.

La perrita  de la tía se llamaba “Chiripa”.

La palapa  de Barra se llamaba “El chaparrito de oro” y efectivamente el dueño era un señor chaparrito bastante tostado.

Un geiser marino apareció y una aleta subio hasta la dorada superficie para desaparecer en la oscuridad de la bahía. Apareció de nuevo en la distancia, las estrellas brillaban.

Al taxista del 3663 lo llamaban “El cuatete”, su apodo tenía relación con un pez de agua dulce que se da en esa región y que es conocido por sus propiedades -supuestamente- afrodisiacas.

En Pie de la Cuesta hay un barco que encayó y que ahora es una especie de arrecife artificial donde los pescadores sacan algunos pececillos.