sea

Autostrada 1

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Il mare colpisce
falso fumo,
nebbie appena dimenticate
terra di vino dolce.

Ascolto le lamentazioni
della foresta,
gli uccelli nudi
si nascondono
dei capelli del vento grigio.

Fuistessss [sic] a Acapulco y no me dijistesss [sic]….

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Acapulco es la ciudad de los perros sarnosos y flacos, de los taxistas intrépidos y las calles que siempre bajan del cerro hasta la costera. A la distancia las playas despliegan un paraíso que se evapora con la proximidad entre las millones de almas que abarrotan lo largo y ancho del puerto.

En la carretera el cadaver de un hombre había sido abandonado. La policía, los vecinos, una ambulancia, la carcancha en la que viajábamos, todos se detuvieron ahí. “Se llevaron su camioneta y lo ejecutaron aquí”. El cuerpo estaba cubierto con una manta.

Regresar a Acapulco de las playas de Barra de Coyuca: 8 de la noche. Dos horas sin movernos ni un centímetro. La carretera sólo tenía un carril. Aquel caos de carriles invadidos era terrible. Bajamos para ver qué estaba sucediendo. Mientras caminaba entre los autos pensé en la pesadilla cortazariana de “La autopista del sur”. Tratamos de poner orden. Poco a poco se descongestionó.  5 horas después llegamos a casa.

La perrita  de la tía se llamaba “Chiripa”.

La palapa  de Barra se llamaba “El chaparrito de oro” y efectivamente el dueño era un señor chaparrito bastante tostado.

Un geiser marino apareció y una aleta subio hasta la dorada superficie para desaparecer en la oscuridad de la bahía. Apareció de nuevo en la distancia, las estrellas brillaban.

Al taxista del 3663 lo llamaban “El cuatete”, su apodo tenía relación con un pez de agua dulce que se da en esa región y que es conocido por sus propiedades -supuestamente- afrodisiacas.

En Pie de la Cuesta hay un barco que encayó y que ahora es una especie de arrecife artificial donde los pescadores sacan algunos pececillos.